domingo, 23 de agosto de 2015

El Furibundo (Autobiografía excesiva)


La primera vez que hice conciencia de que estaba en este mundo, hallábame  sentado en lo que parecía el patio frontal  de una humilde construcción hecha de madera y láminas de zinc  (lo extraño es que estaba ubicada en el centro de aquella aldea-ciudad en la que habitábamos en ese momento y en la cual había nacido yo) comía tierra sin ningún remordimiento, cuando alguien parecido a mí, pero bastante más viejo, me ordenó que no comiera tierra. El tono amenazante de aquella orden me hizo obedecerla de inmediato, pero permanecí sentado en el mismo lugar a la espera de que aquel inoportuno personaje continuara su camino y así poder continuar con mi exquisito banquete.
Lo tenía vigilado por el rabito de ojo; quería desobedecer aquella orden en el momento preciso en el cual él dejara de vigilarme, pero mi fama me había delatado y cuando creí el momento exacto, mi mano en un celaje casi (Casi) imperceptible, me entregó un exquisito bocado de tierra, siendo ese el preciso momento en que aquel ser prohibidor volvió su mirada hacia mi cara, la cual, deformada por aquel bocado prohibido, paso del placer al pánico cuando aquella masa gigantesca se abalanzó sobre mí con una mirada de ira que cuestionaba, incluso, mi propia existencia.
Tal como lo recuerdo, todo pasó muy rápido; sólo recuerdo su mirada acompañada por  una fuerza brutal que me estremeció la cara y rompió mi boca, haciéndome morder el polvo literalmente.   
Tenía tres años de existencia y ya había alguien que quería matarme (no era un buen augurio), lo que no logro establecer es si ese fue el comienzo de mi lucha antiautoritaria o es el antecedente más remoto de mi personalidad autodestructiva (a lo mejor una cosa viene con la otra). Lo cierto es que si bien no recuerdo haber vuelto a comer tierra en mi vida, desarrollé una terrible aversión a toda figura de autoridad, lo cual me dio la autoridad suficiente para orientar mi vida en función a esta lucha (cualquier posible contradicción en este planteamiento es por pura casualidad).
Aquella cachetada había hecho mucho más que sacarme de centro; me había dado una causa, sólo que en aquel momento no estaba “políticamente” preparado para asumirla, de hecho; perseguía una causa sin tener conciencia de ello; sólo me rebelaba y luego pagaba las consecuencias. Aprendí a estar a la defensiva, a los cinco años ya manejaba un vocabulario que me permitía defenderme del autoritarismo intrafamiliar y a sus actos represivos.
Pero era inútil; el que detenta el poder tiene la Razón y PUNTO. Así que sólo se burlaban de mis argumentos y reprimían mis actos. Al punto que ya a los siete años entendí la necesidad de escapar de todos aquellos que me causaban tantos malos recuerdos.
Mi relación con el sistema educativo fue de odio a primera vista, había desarrollado un a hiperrebeldía desde la cual no lograba establecer qué era lo que debía aceptar y qué no; mi vida se dividía en dos realidades: o estaba muy tranquilo y relajado o estaba tenso, irritado e intolerante, y pasaba de un punto a otro, ante cualquier posibilidad de amenazas.
Aparte de aquel trauma, también había desarrollado una cierta capacidad de saber cómo (másomenos) funcionaban las cosas, y fue así que aprendí que si quería dejar de ir a clases, debería ser parte de los patrulleros y de la brigada infantil de bomberos.
Pensando que esos espacios me darían la disciplina que necesitaba, fue aprobada mi incorporación, tanto a los patrulleros, como a la brigada infantil de los bomberos. Me divertía todo aquello, tanto lo absurdo como lo interesante. No lograba entender porqué era necesario maltratar a alguien para que siguiera una instrucción, más cuando, aún, todos los que allí estábamos moríamos por hacer las cosas que allí se hacían; parecía que habían copiado el modelo de disciplina militar y lo estaban aplicando a ese escenario sin ningún criterio de adaptación.
Sí, me aburrí: después de los saltos, el rapel, las escaladas, los simulacros de incendios, los primeros auxilios, los desfiles, nos cambiaron a nuestro Comandante y todo decayó y se puso muy aburrido.
Ya para tercer grado, no necesitaba excusas para no ir a clases; simplemente, junto con tres amigos más, salíamos de la escuela por un lugar secreto y nos íbamos a deambular por aquella aldea-ciudad donde vivíamos en aquel momento. Solíamos subir a las azoteas de los poquitos edificios que habían, y mirarlo todo desde allí. O en otras ocasiones preferíamos explorar lugares que desconocíamos, pero lo que más nos gustaba era introducirnos en la casa de la cultura, pues tenía un conjunto de pasillos y cuartos que se comunicaban entre sí, dando la impresión de ser pasadizos secretos.
En cuarto grado fui internado bajo engaño. El lugar de reclusión fue una escuela granja escondida en unas montañas llenas de eucaliptos, pinos y neblina. Pasé allí seis largos años y ha sido la única vez que he podido estar tanto tiempo en un mismo lugar (tanto escuela como hogar).
Al llegar allí me di cuenta del engaño, aunque el verdadero engaño era pensar que podíamos seguir manteniendo la situación tal y como estaba, así que en el fondo todos salíamos ganando; aunque no era el único de mi familia que estaba ahí, había suficiente espacio para coincidir lo menos posible.
Ese primer año fue muy fuerte, no hubo tiempo para la adaptación; el primer día tuve que defender físicamente, tanto mis pertenecías como mi integridad. Cinco peleas el mismo día, pero yo tenía una ventaja por sobre mis adversarios; yo estaba en este mundo desde los tres años y la mayoría de ellos recién estaban llegando.
Hice todo el ruido que pude en aquellas cinco peleas, mi intención era hacerme de una fama tal, que sólo hiciera falta un poco de guerra sicológica para mantener alejados a quienes quisieran dañarme. Y funcionó, prácticamente no tuve que pelear más para defenderme de nadie, mientras estuve allí.
En mi desempeño académico no me fue tan bien, más aún cuando solía jugar pelota justo frente al salón donde tenía clases. Esa era otra de las cosas que amaba de aquel sitio: no podían obligarte a nada, para mí aquello era toda una nueva experiencia. Además había pasado de ser el culpable de siempre a sólo ser un sospechoso más (Ahora los dados estaban en mis manos).
El quinto grado fue mucho más interesante; como era habitual, nos tomaron como centro piloto (conejillos de indias) para implementar un nuevo tipo de educación con mayor participación de los estudiantes. Así en vez de estar copiando 10 páginas de un libro que ya fue escrito (y con mejor letra) o de escribir los números desde el cinco mil hasta el cero, los maestros iniciaban una conversa donde todos podíamos participar y a parte de enterarnos de lo que se trataba el tema, también nos divertíamos.
Fue en esa época cuando  una afirmación que nos hizo una maestra a la que respetaba mucho, me impactó profundamente, en esa afirmación ella nos dijo que todos nosotros podíamos ser como Simón Bolívar, sólo que debíamos recibir los estímulos necesarios para que eso fuera de esa forma.  A pesar de toda la resistencia que había presentado a participar en el proceso formativo de la escuela, de alguna forma sentía que me habían inculcado un profundo respeto por Simón Bolívar, al punto que el hecho de que aquella maestras nos dijera con tanta convicción que podíamos ser iguales a él, fue para mí un verdadero choque.
Pero le creí, aún teniendo a cuesta todo el conjunto de estímulos negativos propios de un estado de autoritarismo intrafamiliar, en verdad creí posible llegar a ser como aquel hombre. Sin saberlo aquella maestra me había dado otra causa que también se oponía a un yugo (en este caso mucho mayor). Aquel estímulo que con sus palabras serenas y convincentes no dio aquella maestra, llegaron tan profundo en mi psique que ya para sexto grado, mi calificación más baja era 16 puntos.
Pero como todo se acaba, también se acabó aquel ensayo educativo y volvimos a las viejas prácticas, lo cual me afectó mucho más. Se comenzaba a percibir que nuestros docentes pretendían que los tratásemos como la única fuente de la verdad. Y fue de este modo como comenzaron tres años de lucha antiautoritaria, los cuales culminaron con la creación de la federación de delegados estudiantiles y con mi casi expulsión de la escuela granja.
Pero ya no tenía sentido expulsarme; era mi último año en aquella escuela y yo era el único alumno que había comenzado allí en cuarto grado y que había llegado al tercer año, eso era un acontecimiento único que no iban a truncar así que me dejaron en paz. Y fue así que después de seis largos años salí de aquel lugar, que en definitiva fue el único hogar que hasta ese momento  había llegado a conocer.
Al salir de aquel lugar de sentimientos encontrados, me fueron dadas dos opciones: la primera era ser enviado a otro internado por tres años más para terminar el bachillerato o ser enviado a la escuela técnica de la aviación (tres años también para la época), decidí que preferiría morir electrocutado antes de tomar alguna de esas dos opciones y acto seguido, me fui a estudiar electricidad, pero ese ya es otro cuento.

NIF    

martes, 24 de febrero de 2015

El dormido


Ah esta cama es tan suave que provoca quedarse aquí por lo menos diez minutos más. ¿Qué pensará el universo si le quito diez minutos para estar aquí?, aunque el verdadero placer no es estar aquí acostado, el verdadero placer es saber que No lo debería estar haciendo. El verdadero placer está en cómo voy anulando poco a poco el sentido de la responsabilidad; uno a uno voy diluyendo en una atmósfera autocomplaciente, a todos esas convicciones sociales que siempre me obligan a hacer cosas que no quiero hacer. Pero hoy va a ser distinto; esta vez iré desactivando cada uno de esos elementos programadores, hasta que no haya ninguna otra causa para levantarme de esta cama que no sea mi propia voluntad.

Y es que esta cama está tan rica y el aire friíto, que es ahora o nunca; este es le momento preciso de hacerlo desde este momento no hay vuelta a tras, seré el dormido y nadie podrá hacerme despertar a menos que yo lo decida.

Comenzaré poco a poco; en diez minutos tengo que levantarme. Si no me levanto en diez minutos, me voy a meter en un buen lío en el trabajo y todos van a llegar tarde a todas partes. (Ya han pasado tres minutos) En siete minutos debo levantarme, de lo contrario causaré un verdadero desastre. ¿Pero y entonces y mi voluntad qué papel juega en todo esto?. (Faltan dos minutos) Mejor me paro y me dejo de vainas.

Mi voluntad tendrá que esperar, la he hecho esperar tanto que ya no sé si aún existe, si se ha atrofiado o si aún puede impulsarme. Mi voluntad sería quedarme aquí. (Falta un minuto) En está cama tan rica y calentita, ojalá fuera domingo primero de mayo. (Ya es la hora) Bueno, por lo menos cinco minutos más, por cinco minutos no se ha muerto nadie y además el calorcito de la cobija me da un relax tal, que cinco minutos más, se agradecen.

Mi voluntad es estar aquí en este calorcito rico, mi voluntad son estos cinco minutos de gloria, cinco minutos de placer ilimitado, porque ninguna norma más que mi voluntad guía mis actos por lo menos por los siguientes cinco minutos; cada segundo que pasa es un segundo preciado que quedará grabado para siempre en mi psique como el ejercicio de la plenitud de mi ser.

Se siente el poder, la energía, se siente flotar en un campo magnético que hace que todo lo que deseo se materialice, siento que puedo volar, pero es muy difícil; no sólo depende del impulso, sino de tu capacidad de maniobra y control de velocidad y dirección. Es algo muy intenso, sobre todo cuando hay que resistir la turbulencia y los cambios climáticos.

¿Qué hora es? (8:00 Am.) !Me quedé dormido¡.

Me imagino que mi esposa no quiso despertarme, tal vez le dio lástima porque ayer llegué tarde del trabajo, bueno déjame levantarme y llamar para la oficina para avisar que estoy enfermo y voy a llegar tarde.  “Hecho el  loco”  cumplí mi voluntad.

Es extraño, siento que estoy dentro de mi cuerpo, pero no logro hacer contacto con mi lado de afuera; no logro ver nada hacia afuera, ni sentir lo que siente mi piel, ni lo que prueba mi boca y menos aún percibir los aromas.

Debo estar aislado en algún rincón de mi psique, atrapado por lo que sea que se haya apoderado de mi voluntad y cuando quise hacer uso consciente de ella, me debe haber relegado a este rincón y debe haber asumido el control absoluto de mi ser.

Me imagino que ahora soy una idea, un pensamiento prohibido, una forma de percibir la realidad que ha sido desplazada como sistema de referencias. Pero no pueden extinguirme, porque al hacerlo extinguirán el ser y no van a tener a quien controlar.

Soy una idea o un conjunto de ideas, pero a la vez soy capaz de pensarme, soy un pensamiento autopensado, es decir que seré lo que decida ser o pensar ser.
Primero necesito saber qué está pasando afuera de mí; debo hacer contacto con el nervio óptico y con el resto de la corteza cerebral que controla los órganos de percepción de mi cuerpo, en función de ir restableciendo la comunicación con estos.

No tengo la menor idea de cómo desplazarme en este plano, mi racionalidad desconoce cómo desenvolverse aquí; me pienso como un electrón pero siempre quedo atrapado en alguna órbita, he tratado de ser un virus pero los virus no piensan, sólo transmiten información y el cuerpo reacciona a esto, por lo que es muy arriesgado.

He pensado en ir reconstruyendo con ideas, una realidad donde recupere el control sobre mi yo externo. Debo crear el arriba y el abajo por donde voy a pasar, todo cuanto aparezca habrá sido pensado por mí; seré mi propio destino y mi propio dios.

Es como una especie de aventura espeleológica donde debes caminar hacia el lugar menos oscuro, de esa forma la luz se va haciendo cada vez mas presente, hasta que logras ver el exterior y con ello, vuelven los sentidos. Sí volvemos a sentir, pero sin control sobre ello (¿será así o estaré creando la situación de esa forma?).

Puedo oír lo que dicen de mí, tanto mis compañeros del trabajo como mis amigos y mi familia. Todos creen que soy un ser sin voluntad, que me dejo atropellar por quienes creo superiores y trato de aprovecharme de los que creo inferiores. Todos creen que no tengo creatividad ni credibilidad; mi ser exterior ha caído en la mayor decadencia existencial de toda mi vida.

Quien controla mi yo externo me ha condenado al escarnio público, convirtiéndome en un maniquí que adula a sus jefes para luego no hacer nada y crear el ambiente propicio para distorsionar el sistema de relaciones de modo que todos los demás sean como mi yo externo; un maniquí sin voluntad, ni creatividad y mucho menos compromiso (que no sea adular al jefe).

No sabía que la cosa estaba tan mal, todos me miran como si tuviera algo contagioso, nadie quiere verse como yo. Quien está controlando mi yo externo no pensó en esto; nadie quiere verse como un arrastrado sin voluntad ni espíritu, por el contrario todos quieren sentir su influencia sobre una realidad  de todos...

¡Mira mijito...! ¿tú no piensas ir al trabajo hoy?

¡Ay! Mi amor, menos mal que me despertaste; tuve un sueño realmente apestoso.
Yo no sé por qué me da por soñar cosas así.


NIF
   

lunes, 6 de mayo de 2013

La Parábola del Hueco.


La Parábola del Hueco.





No recuerdo si fue en un taller de planificación con el profesor Enrique Vila o en un taller que una persona, a quien estimo mucho, hizo con un arquitecto argentino, pero un día alguien vino a mí, con la perogrullada de que lo único que se podía construir de arriba para abajo era un hueco. 

Al  principio lo tomé, sólo, como una perogrullada, pero luego me fui dando cuenta de que lo quise ver de esa forma, sólo porque me había molestado mucho la idea de que algo tan sencillo y tan fundamental no se me hubiera ocurrido a mí, que suelo creer, a veces, que tengo todas las respuestas. Pero a pesar de toda la soberbia de mis delirium tremens, aquella idea resultaba ser tan obvia, que comencé a integrarla a mi sistema de percepción de la realidad, aunque de una forma aún muy débil y muy incipiente.

Fue sólo después de una experiencia un tanto traumática que viví recientemente, que le fui descubriendo mayor pertinencia a aquella idea de que  toda construcción descendente, es decir, que se realiza de arriba para abajo,  terminaba siendo un hueco.

Resulta que por esos días estuve participando en un proceso donde mi papel fundamental era el de planificador, pero la planificación es, o debería ser, un acto colectivo, así que procedí flexibilizar las cosas que doy por ciertas como estrategia comunicacional para convocar al abordaje colectivo de aquella actividad de planificación, pero choqué de frente con un conjunto de creencias e intereses difusos, que terminaron por generar una situación de invalidación (duda de capacidad) lo que produjo que las distintas aportaciones desde las cuales estaba contribuyendo a orientar las acciones de aquel proceso, dejaran de tener pertinencia.

Mi reacción primaria ante aquella situación de invalidación, fue sentirme traicionado por quienes debieron haber acudido a mi convocatoria de abordaje colectivo, venciendo sus propios procesos de autoinvalidación, pero que, muy por el contrario, llevados por la incertidumbre que les causaba este abordaje colectivo, optaron por desconocer, incluso, sus propias capacidades de relacionarse con la realidad, lo cual terminó por generarles unos  niveles insostenibles de inseguridad.

Así que a las primeras de cambio, aprovecharon algunos elementos de certeza (aprendizaje) que se habían generando desde el proceso de abordaje colectivo, para acceder a un nivel de comprensión de la realidad que les aportara los elementos necesarios para disminuir los altos niveles de incertidumbre e inseguridad y conquistar un conjunto de objetivos inmediatistas, que, si bien les iba generar beneficios y seguridad material, nunca les llegarían a aportar, los niveles de autovalidación necesarios para desarrollar estados más autónomos de interacción con la realidad.

Comprendí que había sido un error el haber asumido que la aceptación del  abordaje colectivo de la realidad, constituía un proceso natural de interacción entre los sujetos que integran una determinada protocomunidad (es decir, que se agrupan con intereses y fines comunes), sin primero propiciar, gradualmente, a un proceso de sistematización de los conocimientos y experiencias previas, que estos sujetos han desarrollado,  de modo de ir haciendo conciente y coherente el conjunto de conocimientos, habilidades y capacidades que de manera fragmentada han ido acumulando hasta el momento, conformando un conjunto de certezas  que les permitiera ir neutralizando los elementos de autoinvalidación (duda, inseguridad, miedo al error, miedo al fracaso) con que este modelo societal de control, dominación y desigualdad, nos ha ido deformado en función de perpetuarse de manera metabólica (es decir, todos los elementos que lo integran, están condicionados de forma sistémica a su reproducción) en el sistema de referencia desde el cual concebimos la realidad, lo que termina por convertirnos en nuestros propios carceleros (inhibidores de aprendizaje) y en los carceleros de los otros.


Debo reconocer que no hice lo suficiente, que mis propios elementos de autoinvalidación y demás precariedades me hicieron actuar con muy poca firmeza y que eso contribuyó a alimentar los miedos y las precariedades de los otros actores involucrados, aunque ellos deberán en algún momento, evaluar sus propias actuaciones. Lo cierto fue que eso nos llevo a desperdiciar, parcialmente, una muy buena oportunidad para evolucionar  a un estado más integral de comprensión de la realidad.

Me imagino que a estas alturas se estarán preguntando dónde está la relación de todo esto con el asunto del hueco.

Bueno, esta relación está dada en la siguiente parábola: El último día de aquel malogrado proceso, me di a la tarea de realizarle un buen mantenimiento a los equipos que habíamos estado utilizando. En eso se me acercó, una persona a la que estimo mucho por tener una mente muy despierta, para solicitar mi ayuda para armar una silla de oficina  que había comprado.

Como siempre ha sido el caso, comenzamos a intercambiar ideas sobre una variedad de temas, cuando de pronto, se me ocurrió retarla con aquella pregunta sobre ¿cuál era la única construcción que se realizaba de arriba para abajo?

En un principio comenzó a racionar sobre aquella pregunta, pero no logró desarrollar ninguna respuesta, luego me solicitó una pista y le dije que dicha construcción podía ser utilizada para la disposición de las aguas servidas, claro que en la manera de planteárselo, había una clara intensión de confundirla, pero aún así, casi logra dar con la respuesta y me dijo que la construcción que se realiza de arriba para abajo era el túnel.

Yo reconocí que casi había dado en el blanco ya que el túnel podía ir en orden descendente, pero que lo más común era que se realizase, en sentido horizontal.

Aún así le dije que estaba desarrollando su razonamiento por el camino correcto, pero que aún no lograba acertar en la idea correcta,  entonces se acercó, otra persona que desde mi punto de vista tiene una mente muy sagaz, pero tampoco logró dar con la respuesta, opté por darles otra pista y les dije también, que aquella construcción era muy usada en la explotación petrolera, otra vez con la clara intención de decirles algo sin decirles nada.

Después de un buen rato, ambas personas se dieron por vencidas y terminé por darles la respuesta (el hueco), no sé si les pasó lo mismo que a mí, pero logré percibir en ellas ese sentimiento de ¿cómo no pude saber algo tan obvio?.

Y ese se convirtió en el nuevo tema de conversación: cómo esta racionalidad de comprensión descendente en donde somos formados (deformados diría yo) no nos permite reconocer los elementos más simples y fundamentales de la realidad.

Luego me puse a atar cabos y me di cuenta, de que yo mismo había estado actuando desde esa racionalidad y eso me había llevado a desarrollar una lógica de comprensión descendente, desde la cual me había sido muy difícil ubicar la secuencia de desarrollo integral de aquel proceso, llevándome a un estado de duda e inseguridad, que, al ser más proclive al control (repetición de esquemas preestablecidos) que a la autonomía (interpretación dinámica de la realidad) le fue restando pertinencia a mis aportaciones.

Cuando se parte del principio de que toda acción constructiva, debe concebirse desde un orden ascendente, es decir de abajo hacia arriba (de lo contrario se estará haciendo un hueco) uno termina dándose cuenta de que, ella misma, al irla concibiendo desde este orden, irá dando luces sobre  el camino a transitar para alcanzar  su estado de realización integral.

Claro que este proceso no debe estar exento de errores, ya que el error, asumido como herramienta didáctica, nos irá ayudando a desarrollar una relación más dinámica con la realidad. El error no es más que la manifestación de una inconsistencia en la comprensión de la relación armónica de los elementos que integran una determinada realidad, a la vez que también funciona como un indicador de que la perspectiva desde la cual estamos analizando la realidad requiere ser variada, no olvidemos que en muchas ocasiones, las ideas más geniales han sido producto de lo que en un principio se creyó era un error. Es hora de que dejemos de ver al error, sólo, como un indicativo de falta de conocimiento o de falta de capacidad.

Aunque, no se trata de usar el error como un bastón para ciegos, se trata más bien de utilizarlo para ejercitar nuestro sistema de percepción de la realidad (ensayo error), para, de esta manera, poder llegar a comprenderla desde una integralidad que permita, a su vez, emprender un proceso permanente de aprendizaje, que nos lleve a trascender nuestras propias  limitaciones, haciendo de la vida, un viaje permanente al descubrimiento de nuevas verdades.

Aclaratoria tal vez innecesaria

No sé si sea necesario aclarar que yo no tengo nada  en contra del hueco. El hueco no es el problema, incluso podríamos decir que el hueco es algo sencillamente profundo, oscuro y revelador a su vez. Lo importante es desarrollar una relación sana y equilibrada con el hueco, un hueco a veces puede llegar a salvarnos a darnos protección o abrigo, pero también puede atraparnos o incluso ser nuestro fin así como un día fue nuestro principio.

Lo importante es saber cuándo se está haciendo un hueco, es decir cuándo se está percibiendo la realidad de arriba para abajo y cómo eso puede influir negativamente en la consecución de algo que se quiera lograr.

miércoles, 15 de febrero de 2012

BOB



Estar aquí es como estar en un monasterio, con todo ese silencio que solo interrumpe el ruido del viento chocando con los árboles y el follaje.

 El día que llegué, fui enviado a una habitación que pareció haber estado ocupada por alguien que nunca quiso abarcar la verdadera dimensión de su propio espacio; todo estaba dispuesto de una manera tal, que hacía sentir que no se merecía el derecho ocupar sino la más mínima porción de espacio posible, sin que importara la necesidad vital de su espacio propio.

Recordé que había ido a ese lugar con la firme decisión de hallar la respuesta a una pregunta que me ha estado atormentando a través de toda mi vida: ¿Quién, en realidad, era yo?
Y como no estaba tan perdido con las respuestas que últimamente, me había estado dando, inmediatamente reordené todo aquello, de modo que me permitiese sentirme en un lugar acogedor, agradable y fresco.

Sabía que mi misión era esa: Convertir todo aquel lugar en un espacio acogedor, agradable y fresco, sólo así podría descubrir quién en realidad era yo.

Lo que más me asustaba era aquel lugar oscuro, húmedo y maloliente, como una celda. Al que tenía que transformar, pese a todas esas acciones traumáticas realizadas en el pasado y que debían ser resueltas, para poder alcanzar mi objetivo vital.

Día 1:

Inicié la búsqueda de herramientas y elementos sólidos con los cuales armar las estructuras que me permitieran construir, las fases iniciales de aquel proceso de transformación. Fue una tarea ardua, sólo pude hallar muy pocas herramientas y esto me afectó un poco.

Con la obtención de los elementos sólidos me fue mejor, pero no bastaba tenerlos, había que saber manipularlos para poder convertirlos en algo positivo para el logro de mi objetivo.

Logré movilizarlos según lo planifiqué y esto no sólo me dio mas confianza, sino que avaló el rumbo que había elegido.

Pero me topé con algo que quería evadir a toda costa: Las consecuencias. Los errores pasados, me pasaban su factura de problemas irresolutos, de traumas y trastornos.

Luché, di todo lo que tenía, me esforcé a fondo y me concentre sólo en aquello, pero no pude lograrlo.

Ese día fallé, ni siquiera la ventaja de haber logrado manejar los elementos sólidos según lo planificado, contribuyó a que ese día la victoria estuviese de mi lado.



Día 2  :


Durante la noche había estado planificando el ataque de ese día, sabía que por doloroso y traumático que fuera, debía retroceder hasta donde fuese necesario para resolver cada uno de los problemas que estaban allí alojados.

Uno a uno fui ubicando los problemas, analizando qué los había generado y cómo se debían resolver, dejando en espera todo aquello que aún no se habían podido resolver, puesto que en la mayoría de las veces, la solución de un problema llevaba a la solución de otro, que se creía irresoluble. Y fue de esa manera como pude resolver todo aquello.

Pero así como una solución nos puede llevar a otra solución, también nos puede llevar a otro problema por resolver, cosa que nos es necesariamente mala y que muchas veces nos puede conducir a soluciones integrales.

Pero este no era el caso, el otro problema por resolver, era el fantasma mismo de mis propios miedos, ese que se alimentaba de las dudas e inseguridades, con las que me habían desgarrado el alma, desde que era sólo un niño.

Estos miedos, dudas e inseguridades, han logrado muchas veces, vencerme y obligarme a renunciar a ocupar el espacio real de lo que soy.

Pero aunque han habido ocasiones en que he vencido estos miedos e inseguridades, tampoco he logrado ocupar todo ese espacio, por aún no saber quién en realidad soy.

Dudaba de mi capacidad de establecer las proporciones y cantidades adecuadas de todos aquellos elementos que requeriría para logra llevar a cabo todo aquel proceso vital de transformación. Estaba espantado ante la posibilidad de fallar, de demostrar en realidad que no puedo y que nunca podré.

Pero ya estaba allí y retirarme era el equivalente a aceptar que no puedo y que nunca podré.
En principio pensé que debía ensayar estableciendo proporciones más modestas y compararlas con otros procesos similares de resultados positivos, el resultados de ese ensayo me daría los elemento de conocimiento necesarios para establecer las proporciones adecuadas para aquel proceso.


Día 3:

Ahora ya entiendo todo ese asunto de la adicción al control y esa lucha frenética por alcanzar el poder necesario para ejercer algún tipo de control que nos dé la seguridad de algo y cómo el conocimiento ha sido usado como una droga que nos hace sentir seguros.

Si el manejo del conocimiento no es autónomo del sujeto, sino que depende de un conjunto de sectas, que han encriptado el conocimiento para convertirlo en un arma masiva de control, el poder se convierte, entonces, en una droga destructiva que termina por corromper el alma de quien la consume.

Pero, al haber superado todos aquellos obstáculos e inconvenientes, el tipo de Poder que yo experimentaba era distinto, era el poder se saber quién en realidad se es y poder proyectarlo hacia tu entorno para que los demás reconozcan tu espacio propio y el valor y el significado de tu presencia en la realidad.

A este estado es al que yo propongo llamar un estado de realidad integral y justamente esta categoría la desarrollé una vez que fui a agarrar un codo plástico de los que se usan en las instalaciones de agua limpia y creí que tenía la mano cubierta por un guante de tela y la sensación  que tuvo mi mente la al tocar aquel codo plástico, pasaba primero por sentir la textura suave del guante y poco a poco, percibir la dureza del plástico.

Pero de pronto, a través del sentido del tacto, recibo la información de que no existe una superficie de tela entre mis dedos y el codo plástico y se da algo así como un conflicto de percepción entre lo que establece el sentido del tacto y lo que la mente desde  la convicción de otra realidad eligió sentir.

Todo aquello duró unos escasos segundos, pero me bastó para poder establecer que hay que entrenar la mente para que dialogue de una manera más flexible con la realidad y de esa manera nos permita una relación más dinámica y autónoma con el conocimiento, tanto el encriptado como el que yace en la realidad.

 Y hablando de realidad, ese asunto del codo plástico me ha hecho recordar quién en realidad soy yo: Soy un Constructor y en estos momentos estoy realizando las conexiones de aguas limpias a este baño que ya me ha dado muchos problemas, asi  que con permiso voy a ver si termino esto para seguir con otra cosa.



NIF

martes, 11 de octubre de 2011

Reconformación



¿Y si es cierta esa idea de que dios fue un ser único que lo sabía todo menos cómo sería la realidad sin él, y que entonces el big bam no es más que la explosión autodestructiva de este ser único, atormentado por saberlo todo, menos cómo sería la realidad en su ausencia, y una vez  que lo supo  ha estado buscando la forma de recomponerse? Podríamos imaginarnos entonces, la evolución como un intento de dios por lograr esa reconformación.

Eso explicaría muchas de las cosas que ahora se dicen saber, sobre la posible existencia de un dios; un ser o ente superior. Explicaría la creencia de que dios está en todas partes, explicaría el por qué del big bam, explicaría la forma cómo la evolución fue creando todas las condiciones necesarias para que surgiera un tipo de vida inteligente, que luego produjera las condiciones necesarias para la reconformación del hipotético ente superior.

De allí que todas las culturas desde sus mismísimos inicios, hayan intuido la presencia de un ser superior al cual están ligados y en torno al cual deben aglutinarse. Pero pereciera requerirse un nivel más profundo de comprensión de la realidad, para lograr esa reconformación que el ente estallado busca.

Tal vez en otros lugares de este universo, producido por el big bam, ya hayan emergido formas inteligentes de existencia, que hayan logrado la reconformación parcial de nuestro dios explosivo. Y nosotros hallamos caído en una especie de retraso, producido por una deformación en la comprensión de la idea de dios, en la cual existen dos planos de la realidad: en uno de ellos, se le guarda total lealtad a un dios creado a la medida de la configuración cultural hegemónica, que incluso niega y combate cualquier idea alternativa a ella, estableciendo un conjunto de códigos desde los cuales se rigen los patrones de comportamientos tanto individual como colectivos, pero cuyo cumplimiento sólo es requerido para los procesos de conciencia planteados en conceptos ambiguos desde los cuales es posible justificarlo todo y para lo cual se ha creado un espacio abstracto, dentro del cual es que debe ser visualizada cualquier realidad que quiera ser tomada en cuenta . En el otro plano, es un escenario de realidad concreta, configurado para sostener a las castas hegemónicas que rigen sobre los demás, desde la idea de ser los elegidos para lograr el verdadero destino de la humanidad.

Pero, si esta idea del dios explosivo tuviera algo de cierto, ¿no creen que nuestro dios debe estar un poquito preocupado por el rumbo de las cosas? o ¿será que acaso este dios necesita que desaparezcamos para poder reconformarse?, esa sería una buena explicación para muchas cosas o ¿necesita que el desarrollo científico-técnico progrese hasta un nivel que nos permita crear un instrumento capaz de reconformarlo y poco le importe el destino del planeta y tenga sobornadas a las castas hegemónicas con la idea de la existencia eterna a cambio de utilizarnos a todos y a todo para lograr la reconformación de este dios, sin importarles el fin de la humanidad?, eso le daría sentido al Apocalipsis.

¿será que todo tiene que destruirse para que él se recomponga?

Hay otra hipótesis de este mismo asunto: ¿si esta deformación de la idea de dios y su propuesta(impuesta) de dividir la teoría de la práctica y de pretender separar lo abstracto de lo concreto y todas esas ideas descabelladas de alienar lo espiritual de lo físico y toda esa parafernalia que les permite a las castas dominantes: establecer, validar, aceptar, reconocer, dar por cierto, en otras palabras, aprobar o no, qué es lo real  y qué no lo es? ¿si esta deformación nos impidiera acceder a una comprensión más integral de la idea de dios, que nos lleve al desarrollo de una realidad en equilibrio, que nos permita conjugar todas nuestras energías vitales para lograr la verdadera forma de reconformación que este supuesto dios ideó en un principio, pero que ante la imposibilidad de que podamos alcanzar las condiciones necesarias para su reconformación natural, ha optado por un plan “b”, en el cual se aprovecha de la irracionalidad autodestructiva de las castas hegemónicas, para producir (aún a costa de nuestra propia destrucción) la cantidad de energía necesaria para su reconformación.

Pero esto puede ser contraproducente para todos: si, por ejemplo, las castas dominantes nos destruyen a todos y a todo, sin lograr propiciar las condiciones necesarias para reconformar a nuestro dios explosivo, este, al no lograr reconformarse, tendrá que buscar esa energía en otro lado (si es que es posible), pero menos aún podrá cumplir con la promesa de vida eterna con la cual ha venido sobornando a las castas hegemónicas, un pacto que les hace creer a estas, que no importa lo que hagan, siempre y cuando lo hagan en su nombre, tienen la salvación eterna asegurada, pero como dijimos antes, si su plan falla (y tenemos serios motivos para creer que eso pase) todos estaremos fritos, empezando por estas trastornadas castas hegemónicas y su dios explosivo.
Es como la apuesta de Smith, pero un poco más dramática: si todos partimos de la idea de reconformar a dios a través de la conjugación armónica de todas nuestras energías, lograda a través de un sistema equilibrado de relación con la realidad, producido por patrones integrales de comprensión – acción, que signifiquen el vínculo inalienable y complementario con que la teoría y la practica, lo abstracto y lo concreto, lo espiritual y lo físico, etc., conviven en la realidad.
Si dios existe nos veremos recompensados por su gratitud y si no existe, el cambio que se puede llegar a operar en sistema de relaciones actual, nos permitiría no seguirnos autodestruyendo e incluso recuperarnos del actual estado de destrucción en que estamos.

Reconformación artificial y destructiva o reconformación Natural y equilibrada; es una carrera que nos están ganando.


Reversos


Reversos

Qué fría está la tarde
Y qué absurda la luz perturbante del plenilunio
sombras de hastío me atrapan el alma
Y sofocan la alegría hasta más allá de cualquier límite

Y entonces sobrevivo
Y sigo luchando en una danza, un movimiento
Que impulse, que dé alegría
Que ilumine, lo más posible, muchos rostros, muchas almas

Y una quimera que me amenaza con descarrilarse
me apunta con su Apocalipsis y un muro de chantaje
en el lindero oeste, completa la empuñadura
con que un Damocles esquizofrénico adornó su convincente espada

Pero el anhelo y ciertas nostalgias se empeñan en tentarme
En convertirme en el dinamitero de cuanto ata, de cuanto amenaza
De cuanto impide, de cuanto daña
Y me invitan a otra danza que se parece más
a la historia que sí quiero

martes, 26 de julio de 2011

SAQUÉ O



Sus pasos cansados por una muy prolongada caminata se detuvieron en el banco de aquella plaza, extenuado y hambriento, posó su cabeza en el respaldo del banco y la aridez de su boca, le recordó que era imperante conseguir algo de beber.

Sus sentidos, agudizados por su precaria situación, pronto le indicaron dónde podía saciar su sed; esa fragancia tan intensa y sutil, prometía el jugoso bocado que su cuerpo requería, aquella fruta jugosa le invitaba a calmar la ardiente sensación de su garganta: la tomó en sus manos, sus uñas descuidadas le sirvieron para retirar la dura concha que la cubría, lo que hizo con desesperada diligencia.
Al fin tuvo en su boca el ansiado manjar, su pulpa jugosa inundaba su paladar, haciendo despertar a aquellas malogradas papilas gustativas, acostumbradas sólo al sabor de la saliva.
Sentía cómo poco a poco aquel néctar se deslizaba por su garganta llenándole de un profundo placer casi olvidado.

Un repentino dolor le hizo despertar de aquel éxtasis, pero no era un dolor interno como a los que ya estaba acostumbrado, aquel era un dolor mucho más inmediato y puntual, mucho más terrenal y contundente.

Sus oídos le alertaron de lo que estaba aconteciendo; un sujeto algo borroso, insistía en golpearlo con un palo, reclamándole no sé qué cosa de un pago, pero la ferocidad de los golpes no le dejaban entender nada, hasta que otro ser menos borroso intercedió para que cesara aquel inexplicable asunto de los golpes.

Parece que aquel ser de los palazos, reclamaba un pago por aquella naranja que él se había comido y le acusaba de haberla robado y no sólo eso, sino que también había regalado otras tantas o otros seres sedientos que por allí pasaron.

La persona que detuvo el castigo trató de hacerle entender que las naranjas que allí estaban pertenecían a aquel ser violento y desagradable y que debía compensarlo por haberlas tomado sin su consentimiento, él aunque extenuado por la muy prolongada caminata que lo había llevado hasta ese lugar, accedió a compensar a aquel ser desagradable con unas horas de trabajo.

Aquel ser desagradable vio la oportunidad de sacar mayor partido de aquella situación y la asignó  a aquel ser cansado y harapiento un conjunto de desproporcionadas tareas.

El sol intenso, hacía de cualquier esfuerzo una tarea de difícil ejecución, sus mermadas fuerzas requerían de un poco de hidratación para poder continuar realizándolas y decidió acercarse a aquel ser desagradable, quien se encontraba bajo una cómoda sombrilla, disfrutando de una refrescante bebida. Con un gesto natural intentó que aquel ser desagradable compartiera con él aquella bebida, pero este, no sólo se negó sino que ofendido, le exigió que comprara una propia.

Pero él no tenía ninguna forma de comprar nada y así se lo hizo saber a aquel ser desagradable, este, viendo que podía sacar provecho de esta nueva situación, le dijo que si se comprometía a realizar unas tareas extras, le podría dar un adelanto para que comprara alguna bebida.

No podía creerlo, por fin su cuerpo recibía el tan anhelado líquido que tanto había estado necesitando y por el que tantos problemas había estado pasando.
Trataba a aquella bebida con un cuidado tal que se diría que no quería tomarla, era como si cada trago le hacía vivir la felicidad absoluta.

El ser desagradable fue a supervisar las tareas que estaba realizando  aquel ser extraño y harapiento, al acercarse notó como cada sorbo de aquella bebida  llevaba a aquel ser extraño y harapiento a un inmenso estado de goce y felicidad, el ser despreciable sintió una como rabia inusitada lo iba invadiendo y con un disimulado descuido, tropezó la bebida del ser harapiento derramándola en el suelo.

El ser extraño y harapiento comprendió que se trataba de un accidente y no se molestó por lo ocurrido, pero sí le solicitó al ser despreciable que le repusiera la bebida derramada, pero el ser despreciable se rió de él y le dijo que si quería otra bebida tendría que realizar más tareas extras para poder obtener otro adelanto.

 SAQUEOOOOOOO…!  una voz estrepitosa dio la alarma y las personas que estaban de compras en aquella plaza, dieron rienda suelta a un muy reprimido sentimiento de frustración e indignación por cómo eran tratados y abusados por aquellos vendedores que ignorando su propio origen, los especulaban sin ningún escrúpulo, aprovechándose de sus necesidades.

Frutas, verduras y tarantines volaron por lo aires, todo se volvió muy confuso y aquel ser extraño y harapiento tomó lo que pensó merecía por sus horas de trabajo y aunque muy cansado, continuó su larga caminata en busca de no sé que cosa.


NIF